Nivel 2 · El enemigo eres tú
El zoo
de los sesgos
Fíjate en algo que haces sin darte cuenta. Cuando una operación va en verde, la cierras pronto, por si se da la vuelta. Cuando va en rojo, le das tiempo, porque puede recuperar. Nadie te enseñó eso: no está escrito en ninguna regla tuya, y lo hace igual el que lleva veinte años. Esta ficha va de las cosas que decides sin decidirlas, y de por qué saber sus nombres no basta para dejar de hacerlas.
Tu peor rival delante del gráfico no es el mercado. Es tu propia cabeza, que trabaja de abogado defensor de lo que ya crees.
Son cinco trampas, y las cinco cuestan dinero. Buscar solo pruebas a favor. Mirar solo a los que sobrevivieron. Creer que «se veía venir» cuando ya sabes el final. Vender lo que gana y abrazar lo que pierde. Quedarte pegado al primer número que viste.
La mala noticia: saber sus nombres no las apaga. Cayeron en ellas profesionales con años de oficio, delante de sus propios números y sobre su propio terreno.
La buena: hay una defensa que sí funciona, y no es «estar atento». Es el proceso. Escribir tu decisión antes. Contar también a los que desaparecieron. Estimar antes de mirar el precio.
La fuerza de voluntad no gana esta pelea. Las reglas escritas, sí.
Las palabras de esta ficha 20 términos — despliégalo cuando lo necesites ▾plegar ▴
Para tener a mano. Cada una vuelve a explicarse en el momento en que aparece; aquí solo quedan definidas por si necesitas volver.
El mapa
El rival vive en casa
Eso que acabas de reconocer tiene nombre. Y no es tuyo.
Lo hace todo el mundo, en todos los mercados y con todos los tamaños. Lo hace el que empieza y lo hace el que lleva veinte años. Cuando un error aparece así, tan igual en tanta gente, no es un defecto de carácter: es una pieza de serie.
Un sesgo es eso. Un atajo de fábrica del cerebro que se equivoca siempre en la misma dirección.
Y ahí está la diferencia con el despiste. El despiste es ruido: hoy falla para un lado, mañana para el otro, y a la larga se compensa. El sesgo es un imán. Apunta siempre al mismo sitio, así que se puede estudiar, medir… y facturar.
No son fallos de tontos. En los estudios de esta ficha caen estudiantes, inversores con dinero real y tasadores con veinte años de oficio. La revisión de referencia del tema lo llama un fenómeno «ubicuo»: asoma en casi cualquier sitio donde alguien razona (Nickerson, 1998).
Piensa en una ilusión óptica. Te enseñan dos líneas iguales que parecen de distinto tamaño, te explican el truco, te dan la regla en la mano… y las sigues viendo desiguales.
Los sesgos son ilusiones del juicio. Conocer su nombre no las desactiva. Esa es la mala noticia que sostiene el Nivel 2 entero, y la razón de que la defensa nunca sea «estar atento».
- El abogado defensor (confirmación) — solo busca pruebas a favor. Experimento: la máquina del 2-4-6.
- El cementerio invisible (supervivencia) — solo ve a los que quedaron en pie. Experimento: 1.000 estrategias de moneda y su escaparate.
- El profeta del lunes (retrospectiva) — conocido el desenlace, «se veía venir». Experimento: predecir en vivo y mirarse después.
- El coleccionista de macetas mustias (disposición) — vende la alegría y abraza la pena. Experimento: vender la que duele.
- El imán del primer número (anclaje) — la última cifra vista tira de la siguiente estimación. Experimento: la rueda.
Esta ficha NO te inmuniza.
En el estudio del tercer animal, pedirle a la gente que ignorara el final que acababa de conocer no cambió nada. En el del quinto, los tasadores negaron de plano haber usado el número que acababa de moverles la tasación un 10 %.
La defensa contra un sesgo nunca es la fuerza de voluntad. Es el proceso: registros escritos ANTES, reglas decididas en frío, denominadores exigidos por protocolo.
El método del Laboratorio existe precisamente porque la cabeza sola no basta. Ni la tuya ni la de nadie.
Animal 1 de 5 — el selectivo
El abogado defensor: el sesgo de confirmación
Un jueves por la noche buscas opiniones de un robot que quieres comprar.
Tecleas su nombre y, sin pensarlo, le añades la palabra «funciona». No se te ha ocurrido teclear «estafa».
No estás haciendo trampas: estás buscando, como busca cualquiera. Lo que pasa es que la búsqueda ya salió inclinada de casa, y va a traerte exactamente lo que le has pedido.
Eso es el sesgo de confirmación: buscar o leer la evidencia inclinándote hacia lo que ya crees. Es la definición de la revisión de referencia del fenómeno (Nickerson, 1998).
Y el matiz que lo hace caro: no es mentirse a sabiendas.
Las pruebas a favor se encuentran solas. Saltan a la vista, se recuerdan, se coleccionan. Las pruebas en contra hay que salir a cazarlas a propósito. Si no organizas la cacería, tu expediente solo va a tener una cara.
Piensa en un abogado defensor. No fabrica pruebas falsas: selecciona. De todo lo que existe, presenta lo que favorece a su cliente y deja el resto en el archivo.
Tu cabeza hace justo eso, y su cliente es tu idea de que este sistema, este patrón o esta entrada funcionan. Al fiscal, si lo quieres en la sala, lo tienes que contratar tú.
Delante del gráfico esto tiene dos caras, según cómo operes.
A mano: relees el gráfico buscando dónde tu patrón funcionó. Los fallos no aparecen, porque no los buscas. Tu carpeta de capturas es el alegato del abogado, no el sumario.
Algorítmica: pruebas el sistema en los años y los activos donde ya sabes que gana, y a eso lo llamas «validación».
El remedio es el mismo en los dos casos, y es de proceso: antes de creer, diseña el test que MATARÍA la idea. El tramo hostil. El activo donde no debería funcionar. El «no» que más te dolería.
Si solo has coleccionado síes, no has validado nada: has litigado.
Animal 2 de 5 — el tuerto
El cementerio invisible: el sesgo de supervivencia
En el grupo, alguien cuelga la captura de su cuenta: +180 % en cinco meses.
Veintitrés felicitaciones. Tres personas pidiéndole el robot. Y nadie pregunta por los otros catorce que empezaron el mismo día y hace meses que no escriben.
Tampoco hay mala fe aquí. Es que los muertos no posan para la foto: no existen capturas de las cuentas que se vaciaron, y quien las tuvo no tiene ninguna gana de colgarlas.
Ese es el sesgo de supervivencia: juzgar por los que quedaron a la vista. Ya lo conociste en la Ficha 0.4, como el denominador oculto de la fábrica de campeones. Aquí tiene nombre propio y factura medida.
Y trae una pregunta de protocolo, la misma ante cualquier resultado brillante: ¿cuántos empezaron? Porque un superviviente, sin su cementerio al lado, no dice casi nada.
El caso que mejor lo enseña es de la Segunda Guerra Mundial. Los bombarderos que volvían a la base traían los agujeros concentrados en unas zonas y no en otras, y la tentación era blindar las agujereadas.
El estadístico Abraham Wald le dio la vuelta. Los que volvían con agujeros ahí demostraban justo lo contrario: que ahí se sobrevive. Las zonas limpias de los supervivientes eran las letales, porque a quien le tocaban no volvía a contarlo.
Blinda donde el superviviente NO tiene agujeros.
La escena con diálogo que circula por internet es una recreación posterior. Lo real es el método de Wald, y el detalle histórico está al pie.
La idea es una sola: sin contar a los muertos, cualquier campeón parece mejor de lo que es. Y en un sitio está medida con nombres y apellidos.
En los fondos de inversión, ignorar a los que desaparecieron infla el rendimiento aparente de la categoría en cerca de un punto por año. Y el engaño crece cuantos más años mires.
¿Cuántos desaparecen? Según el marcador SPIVA de S&P (jun-2025), a 15 años sigue vivo la mitad de los fondos de EE. UU. A 20 años, un tercio.
La mitad del examen se borra de la foto, y la foto se presenta como si fuera la clase entera.
El desglose, con los estudios y las cifras exactas, está abajo en «Para el ingeniero». Y si lo prefieres con un ejemplo de números redondos, pídeselo a Noa (tu Ingeniera).
A mano: las cuentas que se enseñan. La captura del mes bueno, el amigo al que «le va genial». Y tu propia memoria, que archiva los aciertos y entierra el resto: tu recuerdo también es un escaparate.
Algorítmica: el barrido de 200 configuraciones del que solo presentas la buena. Eso es criar tu propio cementerio y vender al superviviente.
Y no hace falta mala fe: basta con no llevar el censo. La aritmética exacta de ese cementerio propio, cuánto brillo fabrica probar muchas variantes, es la Ficha 2.3.
Animal 3 de 5 — el vidente de ayer
El profeta del lunes: el sesgo retrospectivo
Lunes por la mañana. Abres el gráfico del viernes.
El desplome de las cuatro de la tarde está ahí, clarísimo, con su figura y su aviso previo. Cualquiera lo habría visto venir.
El viernes a las cuatro menos cinco tú estabas mirando esa misma pantalla.
Entre las dos escenas no ha cambiado el gráfico. Lo único que ha cambiado es que ahora sabes cómo acabó.
Eso es el sesgo retrospectivo: conocido el final, el pasado se reordena solo y lo que ocurrió pasa a parecer lo que era de esperar desde el principio.
Fischhoff lo midió en 1975 y lo llamó «determinismo progresivo». Saber cómo acabó algo casi duplica lo inevitable que parecía, y el efecto salía igual cuando el final que se contaba era falso.
El hallazgo aguanta el escrutinio moderno: una réplica preregistrada de 2021 lo confirmó. «Preregistrada» quiere decir que el plan de análisis quedó escrito y sellado ANTES de recoger los datos. Es la misma medicina que receta esta ficha, aplicada a la ciencia que la sostiene.
Lo ves igual en el bar, con el partido de ayer. Hoy todo el mundo sabía que iban a perder, «se veía venir». Pero la quiniela de antes del partido, la que se selló con dinero, decía otra cosa.
El gráfico de ayer es el partido de ayer. Comprado el desenlace, las «señales» se colocan solas en los sitios correctos.
El único testigo fiable de lo que de verdad sabías es un papel escrito antes.
A mano: el diario reescrito de memoria. «Aquello fue un error obvio», «lo vi claro». Y la tesis de entrada que muta después de conocer el resultado.
Por eso la tesis se escribe ANTES de entrar y no se retoca: el diario no es un álbum de recuerdos, es un registro notarial.
Algorítmica: «ver» la señal obvia en el gráfico histórico ES diseñar con el desenlace en la mano. Todo máximo es obvio después de ser máximo.
Y su versión industrializada ya la conoces de la Ficha 1.5: usar información del futuro para etiquetar el pasado. Es este mismo sesgo convertido en tubería de datos.
Animal 4 de 5 — el coleccionista
Vender la alegría, abrazar la pena: el efecto disposición
Vuelve a lo del principio: la verde se cierra pronto, la roja se queda.
Eso tiene nombre, tiene teoría y tiene factura medida en cuentas de verdad.
El nombre es efecto disposición, y lo pusieron Shefrin y Statman en 1985: vender demasiado pronto lo que gana y aguantar demasiado lo que pierde.
La medición llegó con Odean (1998). Diez mil cuentas de un bróker de descuento, entre 1987 y 1993, con cada operación apuntada.
Antes de la cifra, una palabra. Realizar una ganancia es cerrarla: el resultado deja de ser provisional y se vuelve definitivo. Mientras la posición sigue abierta, lo que ganas o pierdes es «en papel»: aún puede cambiar.
De todas las ganancias que aquellos inversores podían realizar, realizaron el 0,148 —casi 15 de cada 100—. De todas las pérdidas que podían realizar, el 0,098: menos de 10 de cada 100.
Dicho en llano: una posición en ganancia tenía un 50 % más de probabilidad de venderse un día cualquiera que una en pérdida.
Cerrar una ganancia sabe a victoria. Cerrar una pérdida sabe a confesión. La cuenta paga la diferencia.
Se ve mejor en un balcón. La planta que crece la podas enseguida «para asegurar»; la mustia se queda meses «a ver si revive», regada y con el sol bueno.
Un año después el balcón está lleno de macetas mustias: se recogieron las flores y se coleccionaron los tiestos secos. Una cartera media, mirada con esa gafa, es ese balcón.
Y hay una versión de esto que se lleva cuentas enteras en una tarde. Ibas ganando el 6 % y el objetivo del reto era el 8. Faltaba nada.
Ese martes la operación se puso en contra y no cerraste, porque cerrar era admitir el error a las puertas del objetivo. Movías el stop «un poco» cada vez que lo tocaba. A las siete de la tarde saltó el límite diario de la cuenta y el reto se terminó.
Ahí ya no hay maceta que valga: es la cuenta.
La factura del reflejo también está medida, y es la parte que escuece.
Las ganadoras que aquellos inversores vendieron rindieron al año siguiente 3,4 puntos más que las perdedoras que retuvieron, contando por encima de lo que hizo el mercado.
Vendían la que iba a seguir subiendo para quedarse la que iba a seguir bajando. El estudio lo dice con estas palabras: quienes aguantaban esperando que sus perdedoras remontaran «estaban, en media, equivocados».
Y ahora la excepción, que es la pista de diseño más valiosa de la ficha.
En diciembre el patrón se daba la vuelta: el ratio caía a 0,85. De pronto se cerraban más pérdidas que ganancias.
Nadie se volvió más disciplinado en diciembre. Lo que había era una regla externa —Hacienda— que obligaba a mirar las pérdidas a la cara para poder descontarlas. Y el reflejo cedió.
Las reglas externas escritas funcionan donde la voluntad no.
A mano: mover el stop «para darle aire» a la perdedora, que es la disposición disfrazada de paciencia. Y cerrar la ganadora mucho antes de su objetivo, «para asegurar».
Algorítmica: intervenir el Sistema en vivo. Perdonar stops, capar las ganadoras que el diseño dejaba correr.
Los dos destruyen la misma cosa: la asimetría que el diseño intentaba fabricar. La Ficha 1.4 la llamó la cola derecha buena: pérdidas cortas y ganancias que corren. El efecto disposición es esa asimetría puesta del revés.
Animal 5 de 5 — el imán
El imán del primer número: el anclaje
En la tienda, la etiqueta dice: «antes 899, ahora 449».
No has mirado las características, no sabes si lo necesitas, y ya sabes que es una ganga.
El 899 no informa de nada. Está ahí para ser el imán. Sin el tachado, el 449 se juzga solo; con él, se juzga desde 899.
Eso es el anclaje: el último número que has visto tira de tu siguiente estimación, aunque sepas que no tiene nada que ver.
La demostración clásica es de Tversky y Kahneman (Science, 1974). Dos grupos partían de un 10 o de un 65, un número sacado con una rueda de la fortuna delante de ellos, y después estimaban qué porcentaje de países africanos hay en la ONU.
La respuesta del medio en el grupo del 10 fue 25 %. En el grupo del 65, 45 %.
Un número de feria, ruido puro girando delante de sus ojos, movió la respuesta veinte puntos. Pagar por acertar no redujo el efecto.
¿Y los profesionales? Northcraft y Neale (1987) llevaron a tasadores inmobiliarios reales a casas reales en venta, con el dossier completo y todo el tiempo del mundo.
Lo único que cambiaba de un tasador a otro era el precio de lista que traía el dossier.
Aquel número, desviado un ±11 %, movió sus tasaciones 14.550 dólares entre extremos: cerca del 10 % del valor de la casa. Él solo explicaba entre el 23 y el 40 % de la variación de sus tasaciones.
Los amateurs se movieron aún más. La conclusión honesta es «ambos sesgados», no «iguales».
Y el dato estrella: solo el 19–24 % de los profesionales admitió haber tenido en cuenta el precio de lista. Sus listas de decisión lo negaban de plano.
Ni la edad, ni los años de oficio, ni las operaciones al año protegieron a nadie.
A mano: tu precio de entrada hace de imán. «No vendo por debajo de lo que pagué», y el mercado no sabe lo que pagaste ni le importa. El máximo histórico hace lo mismo desde el otro lado: se convierte en «techo natural», frena compras y ancla objetivos.
Algorítmica: los parámetros del primer backtest anclan todo el barrido posterior, porque exploras alrededor de donde caíste primero.
Y el primer resultado ancla la expectativa del proyecto entero: todo lo que salga peor «está mal», aunque lo primero fuera un golpe de suerte.
La defensa, en los dos casos: estima ANTES de mirar referencias, y deja tu número escrito. El orden importa. Primero tu cálculo, luego el mundo.
La jugada maestra
Dónde te la juega tu cabeza
Hay un sexto animal sin el cual los otros cinco no cobrarían: «esto les pasa a los demás».
Los datos de esta misma ficha lo retratan. Los tasadores negaron de plano haber usado el número que acababa de moverles la tasación un 10 %: solo 1 de cada 4-5 lo admitió.
El estudio deja abierto si no lo sabían o si no quisieron decirlo en voz alta. Para tu cuenta, el resultado es el mismo.
Y los sujetos de Fischhoff, avisados e instruidos para ignorar el final, tampoco pudieron.
Nadie se siente sesgado por dentro. El sesgo no da síntomas: da resultados — y viene de fábrica, en tu cabeza y en la mía.
De ahí la regla de la casa, que vale por toda la ficha. No te preguntes «¿estoy sesgado?»: la respuesta de fábrica es «no» y llega en milisegundos.
Pregunta en su lugar: «¿dónde está el registro escrito ANTES?»
La tesis fechada. El censo de variantes. El número estimado antes de mirar. Si el registro no existe, la respuesta a la primera pregunta era sí.
Cada uno a lo suyo
Tu camino
A mano: la tesis de cada operación se escribe ANTES de entrar — qué esperas, qué te haría salir, dónde reconocerías que te equivocaste — y no se retoca después: es tu vacuna contra la confirmación y el profeta del lunes a la vez. Y el repaso semanal incluye a los muertos: las señales que NO tomaste y los patrones que fallaron, no solo el álbum de aciertos.
Algorítmica: antes de creerte un backtest, diseña el test que lo MATARÍA — el tramo hostil, el activo donde no debería funcionar. Si solo has coleccionado síes, has litigado, no validado. Y lleva el censo del cementerio propio: TODAS las variantes probadas cuentan, también las que tiraste a la papelera — la Ficha 2.3 convierte ese censo en aritmética.
Fondeo: el objetivo de la evaluación es un ancla de manual — «necesito el 8 % este mes» empuja el tamaño hacia arriba exactamente igual que el 65 de la rueda empujaba las respuestas. Y las cuentas fondeadas que se exhiben son supervivientes de un embudo con su cementerio detrás: antes de comprar el sueño, exige el denominador — ¿cuántos entraron en el embudo?
Para que se entere uno
Resumen en lenguaje llano
Cinco animales, cinco frases.
El abogado defensor: las pruebas a favor de tu idea llegan solas y las de en contra hay que salir a cazarlas. Si no las cazas tú, no las verás. Lo viviste en la máquina del 2-4-6: buscar síes se siente riguroso y no demuestra nada.
El cementerio invisible: todo resultado brillante sale de un montón de intentos que no ves. Sin saber cuántos empezaron, la foto del campeón no informa. Y lo fabricaste tú: mil monedas sin ventaja produjeron un campeón de folleto.
El profeta del lunes: conocido el final, el pasado parece obvio. Está medido que ese «se veía venir» es un retoque automático de la memoria, y que no se quita queriendo. Solo un papel escrito antes sabe lo que de verdad sabías.
El coleccionista de macetas mustias: vender lo que gana sabe a victoria y cerrar lo que pierde sabe a confesión, así que la cartera acaba llena de tiestos secos. En cuentas reales salía caro: lo que vendían seguía subiendo y lo que abrazaban seguía bajando.
El imán: el último número que ves tira de tu siguiente estimación aunque sea ruido de feria. Les pasó a tasadores con el oficio en la mano, y casi ninguno lo admitió.
Y la moraleja, que es la del nivel entero: saberlo no te cura. Los sujetos avisados siguieron cayendo. Los expertos negaron el imán mientras el imán les movía la mano.
La única defensa que funciona es de proceso. Escribir antes. Contar a todos, a los vivos y a los muertos. Estimar antes de mirar. Y dejar que las reglas externas hagan el trabajo que la fuerza de voluntad no puede hacer.
No eres la excepción. Nadie lo es: por eso existe el método.
Antes de pasar página
Compruébalo
Cinco preguntas para saber si el zoo se te ha quedado dentro. Respóndelas de cabeza primero y luego ábrelas — tus respuestas no se guardan, es solo para ti. Y si fallas dos, no pases de página: pídele a Noa que te vuelva a explicar ese animal con otras palabras y un ejemplo tuyo — para eso está.
1Pruebas tu sistema en los tres años y los cuatro activos donde ya sabes que funciona, sale precioso, y anuncias que está «validado». ¿Lo está?Ver respuesta
2Un anuncio enseña una cuenta que ha hecho +40 % y las curvas de sus tres mejores traders. ¿Qué te falta para saber si eso vale algo?Ver respuesta
3Repasas tu mes de memoria: «esa operación fue un error obvio, se veía venir», y encima recuerdas que cerraste bien las ganadoras. ¿Es de fiar ese repaso?Ver respuesta
4Has leído la ficha entera y conoces los cinco sesgos con nombre y apellido. ¿Estás ya a salvo de ellos?Ver respuesta
5No vendes por debajo de tu precio de compra «porque es lo que pagaste», y no compras por encima del máximo histórico «porque es el techo». ¿Qué animal te está moviendo — y cuál es la defensa?Ver respuesta
→ Para el ingeniero (opcional) — los estudios, con sus números y sus réplicas
Los cinco estudios de cabecera
Glosario mínimo de la tabla, por si algún término te pilla de nuevas: alfa = el rendimiento que un fondo saca por encima del listón de mercado que le corresponde; atrición = la tasa anual de fondos que desaparecen (por fusión o liquidación); pp = puntos porcentuales; d = el tamaño del efecto medido en desviaciones típicas (0,2 pequeño, 0,5 medio, 0,8 grande); odds = la razón entre lo que juega a favor y lo que juega en contra; en papel = posiciones aún abiertas, cuyo resultado es provisional; ω² = la fracción de la variación de las respuestas que explica el ancla (nada que ver con la ω del GARCH de la Ficha 1.5 — misma letra, otro oficio).
| Sesgo | Estudio | Muestra | Hallazgo numérico | Matiz de réplica |
|---|---|---|---|---|
| Confirmación | Wason 1960, QJEP | 29 estudiantes | 6/29 aciertan a la primera; 22/29 anuncian primero una regla errónea; los que fallan anuncian tras 3,7 tríos de media (los que aciertan, 8,0) | Klayman & Ha 1987: la estrategia de test positivo es razonable en general; falla cuando la regla real es más amplia que la hipótesis |
| Supervivencia | Elton-Gruber-Blake 1996, RFS | Cohorte completa 1977–1993 | Alfa inflado ~0,9 pp/año al ignorar muertos; crece con el horizonte (~0,4 a 10 años → ~1,1 a 20) | Carhart et al. 2002: atrición 3,6 %/año, muertos rinden ~4 pp/año peor; SPIVA jun-2025: sobrevive ~51 % a 15 años, ~37 % a 20 |
| Retrospectiva | Fischhoff 1975, JEP:HPP | ~5 grupos × 20 por evento | Conocer el desenlace sube su probabilidad percibida en 24/24 casos; media +10,8 pp (≈ duplica en odds); instruir «ignóralo» no funciona | Réplica preregistrada Chen et al. 2021 (N=890): confirmada, d=0,60; metaanálisis d≈0,34–0,39 |
| Disposición | Odean 1998, JF | 10.000 cuentas, 1987–1993 | PGR 0,148 vs PLR 0,098 (ratio ~1,5; t=35); diciembre invertido (0,85); coste: ganadoras vendidas +3,4 pp sobre mercado a 252 días vs perdedoras retenidas | Dhar & Zhu 2006: ~1/5 muestra el patrón inverso; experiencia atenúa; mecanismo en debate (Ben-David & Hirshleifer 2012); coste ligado al momentum |
| Anclaje | T&K 1974, Science · Northcraft & Neale 1987, OBHDP | Demostración s/N · 47 tasadores (Exp. 2) | Anclas 10/65 → medianas 25/45; tasadores: $14.550 entre extremos (ω²=0,23–0,40); solo 19–24 % admite el ancla; la experiencia no predice el sesgo | Many Labs 1 (2014): anclaje replicado con efectos grandes en 36 muestras; mecanismo en disputa; incentivos ayudan solo con dirección conocida (Simmons et al. 2010) |
Regla de la casa para leer esta tabla: los números de conducta humana no son constantes físicas — son mediciones con población, época y contexto. Por eso cada fila lleva su matiz de réplica al lado y la ficha los declara en el cuerpo: un curso que cita el 45 % de la rueda sin decir que la demostración original no publicó N, o el 3,4 % de Odean sin decir que depende del momentum de la época, estaría cometiendo el sesgo del abogado defensor con sus propias fuentes.
La métrica de Odean — experimento 4
La corrida sellada — experimentos 2, 3 y 4
Números sellados del banco de pruebas (semilla 20260716). X1, el cementerio (sellado con el mismo generador de azar que usa el experimento en pantalla — mulberry32 —, para que el banco y lo que ves coincidan al dígito): 1.000 caminatas de moneda (±1 por operación, 250 operaciones, edge cero por construcción) — mejor resultado final +48 (peor −40), 49 % acaban en positivo (485 de 1.000), media del top 10 = +39,0, y el «Sharpe» aparente de la mejor moneda = 3,09 (media/desviación de sus pasos, anualizado ×√250): el azar puro fabrica fotos de campeón. X2, los profetas (propiedades EXACTAS de una moneda justa, no un muestreo): diez predicciones = Binomial(10, ½) — mediana 5/10; P(≥7) = 17,2 % (176/1024); P(≥8) = 5,5 % (56/1024); P(10/10) = 1 de cada 1024 (0,098 %). X3, el jugador-azar de disposición: 100.000 partidas del juego del experimento 4 (10 posiciones, 8 cierres forzosos eligiendo al azar, precios gaussianos sin deriva) — ratio PGR/PLR mediano 1,00 con banda p5–p95 [0,32, 3,00]; el 0,4 % de las partidas no cierra ninguna pérdida (ratio infinito). Lectura honesta: una sola partida es una muestra chica — el experimento enseña la métrica y el reflejo; el diagnóstico personal pide repetición, y la factura poblacional la midió Odean. Los experimentos calculan en vivo con las mismas reglas y su propia semilla visible; el experimento 5 no necesita sello (su verdad — el % de velas alcistas — la calcula el navegador sobre la serie mostrada).
Confirmación: Wason (1960), «On the failure to eliminate hypotheses in a conceptual task», Quarterly J. of Experimental Psychology 12(3), 129–140; Nickerson (1998), «Confirmation bias: A ubiquitous phenomenon in many guises», Review of General Psychology 2(2), 175–220; Klayman & Ha (1987), Psychological Review 94(2), 211–228.
Supervivencia: Wald (1943; reimpresión CNA CRC 432, 1980); Wallis (1980), «The Statistical Research Group, 1942–1945», JASA 75(370), 320–330 (y su Rejoinder — el hecho documentado); Mangel & Samaniego (1984), JASA 79(386), 259–267; Casselman (2016), AMS Feature Column (hecho vs. leyenda); Elton, Gruber & Blake (1996), Review of Financial Studies 9(4), 1097–1120; Malkiel (1995), «Returns from Investing in Equity Mutual Funds 1971 to 1991», J. of Finance 50(2), 549–572; Carhart, Carpenter, Lynch & Musto (2002), RFS 15(5), 1439–1463; S&P DJI, SPIVA U.S. Scorecard Mid-Year 2025.
Retrospectiva: Fischhoff (1975), «Hindsight ≠ Foresight», J. of Experimental Psychology: Human Perception and Performance 1(3), 288–299; Chen, Kwan, Ma & Feldman (2021), J. of Experimental Social Psychology 96, 104154 (réplica preregistrada).
Disposición: Shefrin & Statman (1985), J. of Finance 40(3), 777–790; Odean (1998), «Are Investors Reluctant to Realize Their Losses?», J. of Finance 53(5), 1775–1798; Dhar & Zhu (2006), Management Science; Ben-David & Hirshleifer (2012), RFS.
Anclaje: Tversky & Kahneman (1974), «Judgment under Uncertainty», Science 185(4157), 1124–1131; Kahneman (2011), Thinking, Fast and Slow, cap. 11 (el relato de la rueda); Northcraft & Neale (1987), Organizational Behavior and Human Decision Processes 39(1), 84–97; Klein et al. (2014), «Many Labs 1», Social Psychology 45, 142–152; Simmons, LeBoeuf & Nelson (2010), JPSP 99, 917–932.
Huecos de evidencia (declarados, no maquillados): (1) la etiqueta «sesgo de confirmación» no está en Wason 1960 (es posterior); (2) la anécdota dialogada de Wald y el dibujo del avión con puntos son reconstrucciones modernas — lo documentado son los memorandos y la cita de Wallis (1980); (3) la demostración de la rueda (1974) no publica N ni estadística — el respaldo fuerte del anclaje es Many Labs 1; (4) los porcentajes de Wason salen de 29 sujetos de 1960 — el efecto cualitativo está ampliamente replicado, la cifra exacta no es poblacional.
Números de los experimentos reproducidos en el banco de pruebas de Axiom Labs (corrida sellada, semilla 20260716); los experimentos calculan en vivo con las mismas reglas. · Axiom Labs · Fundamentos · Nivel 2 · Ficha 2.1 · 2026.